Todo iba perfecto hasta que sonó el teléfono.
Sofía e Isabel terminaban su entrenamiento en el Cerro San Cristóbal. Habían cumplido la rutina y estaban conversando tranquilamente cuando el teléfono de Isabel comenzó a sonar.
Era una llamada relacionada con un trámite que tenía pendiente: debía firmar un acuerdo de pago con otra persona.
Hasta ese momento, todo estaba coordinado.