Solo necesitaba renovar su contrato.
Clara llegó temprano a la notaría porque necesitaba renovar el contrato de arriendo de su departamento antes de fin de mes.
Como siempre, la sala estaba llena y el número que le tocó indicaba que tendría que esperar al menos cuarenta minutos.
Mientras revisaba el teléfono para matar el tiempo, escuchó una voz conocida. Era Sofía, una excompañera de trabajo a la que no veía hace meses.